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Lavar antes de guardar, qué se dobla y qué se cuelga, cuándo sí y cuándo no a las bolsas al vacío, y las tres cosas que vemos estropeadas cada junio.
Llega septiembre y toca. Sacas la ropa de verano del armario, la metes en una bolsa, la subes al altillo y te olvidas.
Y en junio la bajas y hay tres camisetas con manchas amarillas que no tenían, un vestido de lino con una marca de percha imposible de quitar y todo huele a armario cerrado.
Nos lo contáis cada junio, cuando ya no hay solución. Por eso hemos escrito esto: no es un artículo de orden, es un artículo de ropa. Cómo guardar la ropa al cambio de temporada cuando vives donde vivimos nosotras, con el mar a diez minutos.
Media hora de compra y no vuelves a improvisar en septiembre. Nada de esto es caro y casi todo dura años:

Si solo te quedas con una cosa de todo el artículo, que sea esta.
Una prenda que parece limpia casi nunca lo está. El sudor, la crema solar, el desodorante y los restos de sal no se ven al guardarla — pero durante nueve meses de armario cerrado se oxidan y se convierten en esas manchas amarillentas que ya no salen. En algodón y en lino, además, la mancha come la fibra.
Y hay otra razón: las polillas no van a por la lana. Van a por los restos orgánicos que hay en la lana. Una prenda de punto perfectamente limpia les interesa mucho menos que una que te pusiste una tarde y colgaste otra vez.
Lávalo todo, sécalo del todo, y no guardes nada ni un poco húmedo. Un solo jersey guardado con humedad contagia la caja entera.
Esto es lo que no te va a contar un artículo escrito en Madrid.
Y no es una impresión nuestra. La estación de AEMET de San Javier, a diez minutos de aquí, registra una humedad relativa media del 71% al año, y su mes más seco no baja del 68%. En Madrid la media anual es del 57%, y en julio se queda en el 38%. Es casi el doble de humedad en el aire, todos los meses, contra el mismo jersey.
En Lo Pagán, en San Pedro, en toda la orilla del Mar Menor, se nota. Y si tu casa de aquí es la de verano, la cierras en septiembre y no vuelves hasta la primavera: el armario se queda nueve meses sin abrirse, sin ventilar y con el salitre trabajando por dentro.
Tres cosas cambian por eso:
La bolsa de la tintorería y la bolsa de basura son lo peor que le puedes hacer a la ropa aquí. El plástico no respira, atrapa la humedad que ya venía dentro y la mantiene contra el tejido todo el invierno. Usa fundas de tela, sábanas viejas o cajas de cartón con la tapa suelta.
Un recipiente de sal gorda, unas tizas atadas en un paño o un absorbedor de humedad de los de toda la vida, dentro del armario y no dentro de la caja de ropa. Si cierras la casa, déjalo con capacidad de sobra: en marzo ya no va a quedar nadie para cambiarlo.
Un día entero con las puertas abiertas antes de meter la ropa de invierno. Parece poco y es de lo que más se nota al volver.
Aquí es donde más se estropea la ropa buena, y es la parte que casi nadie explica bien.
| Se dobla siempre | Se cuelga siempre |
|---|---|
| Jerséis y cárdiganes | Chaquetas y blazers |
| Camisetas de canalé | Abrigos |
| Vestidos de punto | Vestidos largos de tejido fluido |
| Todo el punto, en general | Camisas y sastrería |
Regla rápida: si el tejido pesa y se estira, se dobla. Si tiene estructura, se cuelga.
El punto, doblado. Colgado, el peso de la propia prenda estira los hombros y en seis meses te salen esas dos puntas que ya no se van. Dóblalo y, si apilas, lo más pesado abajo.
La sastrería, colgada. Con percha ancha, de las de hombro redondeado. Las de alambre marcan el hombro y con la humedad de aquí acaban oxidándose sobre el tejido.

La regla de doblar y colgar vale para casi todo. Pero cada tejido tiene su punto débil, y merece la pena saber cuál es el de lo que tienes en la mano.
Lino. Doblado y con papel de seda en los pliegues, porque la arruga marcada nueve meses no siempre sale con el vapor. Es el tejido que más amarillea con los restos de sudor y de protector solar, así que es el que más agradece un lavado a conciencia antes de guardar.
Algodón. El más tolerante de todos, y por eso el que más se descuida. Las manchas invisibles de cuello y axilas son casi siempre suyas. Repásalas a contraluz antes de meterlo en la caja.
Punto y lana. Doblado, limpio y con cedro o lavanda cerca. Es donde va la polilla y donde más se nota un armario húmedo. Quita las bolitas antes de guardar, no en junio: la fibra ya dañada empeora dentro de la caja.
Seda. Papel de seda sin ácido, funda de tela y lejos de la luz, porque amarillea. Nunca al vacío y nunca en plástico. El desodorante le hace un daño que no se ve hasta que ya no tiene arreglo.
Viscosa y tejidos fluidos. Se deforman con su propio peso, así que si la prenda pesa, doblada; si es ligera y larga, colgada con percha ancha. En medio no hay mucha ciencia: levántala y nota si tira.
Bañadores y bikinis. Los grandes olvidados y los que peor envejecen en el altillo. El cloro, la sal y la crema solar siguen degradando el elastano aunque la prenda esté guardada. Aclarado largo con agua fría, secado a la sombra y guardados planos, nunca enrollados ni comprimidos.

Todo el mundo las recomienda. Nosotras las recomendamos a medias, y con condiciones.
Nuestro criterio, después de ver cómo vuelve la ropa: al vacío lo que da igual, en caja de cartón o funda de tela lo que te importa.

La naftalina funcionaba, huele fatal y el olor se queda en el tejido durante meses. Hay alternativas que no perfuman la ropa entera:
Ninguna mata a la polilla — la repele, que es distinto. Por eso hay que renovarlas: la lavanda pierde el aceite esencial en unos meses y el cedro deja de oler, y cuando deja de oler deja de servir. Se lija un poco y vuelve.
Y repetimos lo de antes, porque es lo que de verdad decide: la polilla va a la prenda sucia. Guardar limpio hace más que cualquier bolsita.
El cambio de armario es el único momento del año en el que tienes toda tu ropa de una temporada delante y en la mano. Aprovéchalo, porque no se repite.
Tres preguntas por prenda, y son rápidas:
Lo que salga de ahí no tiene por qué acabar en la basura: se dona, se arregla o se hereda. Lo que no tiene sentido es pagarle nueve meses de armario a algo que no te vas a poner.
Si te cuesta decidir —y es normal, a casi todas nos cuesta— hay dos cosas que ayudan. La primera es saber qué colores te favorecen de verdad, porque la mitad de lo que no te pones es por eso: tienes nuestra guía de colorimetría en la web. La segunda es no hacerlo sola: si quieres que lo miremos juntas, escríbenos y lo vemos con calma.
Cuando acabas la criba siempre sobra sitio y falta algo de punto. Esto es lo que está entrando ahora:
Todo junto y por pasos, para que lo tengas a mano:
Una tarde. Y en junio abres y está todo como lo dejaste.
Te mandamos la checklist del cambio de armario en PDF, para tenerla al lado mientras lo haces. Y en junio te avisamos de que toca bajarla.
Media hora, y es la diferencia entre estrenar el invierno y arrastrarlo.
Tres cosas se repiten cada primavera, y las tres se evitan en septiembre:
Ninguna de las tres tiene arreglo en junio. Las tres tienen solución en septiembre, y cuestan cinco minutos por prenda.
Sí. Los restos de sudor, desodorante y crema solar no se ven, pero se oxidan dentro del armario y se convierten en manchas amarillas que ya no salen. Además son lo que atrae a la polilla. Es el paso que más ropa salva de todos.
En el altillo sí, siempre que esté seco. En trasteros, garajes y sótanos, con cuidado: suelen tener más humedad y más cambios de temperatura. Si es tu única opción, usa cajas de cartón elevadas del suelo, nunca plástico cerrado, y un absorbedor de humedad cerca.
La lavanda pierde fuerza en unos meses; el cedro dura más, pero deja de oler y, cuando deja de oler, deja de repeler. El cedro se recupera lijándolo un poco. Si guardas la ropa toda la temporada, cuenta con renovarlo a mitad.
Depende del tejido. El algodón y la ropa de playa lo aguantan bien. El punto grueso, los abrigos, las plumas y la seda pierden cuerpo con la compresión mantenida. En cualquier caso, no más de seis meses seguidos.
Airear a la sombra con corriente, unas horas. Si no basta, vapor. Perfumar encima solo lo tapa unos días y el olor vuelve.
Más tarde que en el interior. Aquí septiembre sigue siendo verano y octubre da buenos días, así que lo razonable es guardar de verdad a finales de octubre y dejar fuera una selección corta de manga corta hasta noviembre.
El cambio de armario tiene una parte poco agradecida y otra que es la buena: quedarte con lo que de verdad te gusta y ver el hueco que ha dejado lo que ya no vuelve.
En Woman de Mar llevamos años ayudando a llenarlo con criterio: pocas piezas, bien elegidas, que se lleven más de una temporada. Estamos en Lo Pagán, en la Avenida de la Romería de la Virgen del Carmen, con probador y con alguien que te dice la verdad sobre cómo te queda.
Pásate cuando quieras. La nueva temporada ya está entrando.