Ropa de verano doblada sobre la cama junto a una caja de cartón, lavanda y una percha de madera, lista para el cambio de armario

Cómo guardar la ropa al cambio de temporada (y que en junio siga estando bien)

Lavar antes de guardar, qué se dobla y qué se cuelga, cuándo sí y cuándo no a las bolsas al vacío, y las tres cosas que vemos estropeadas cada junio.

Llega septiembre y toca. Sacas la ropa de verano del armario, la metes en una bolsa, la subes al altillo y te olvidas.

Y en junio la bajas y hay tres camisetas con manchas amarillas que no tenían, un vestido de lino con una marca de percha imposible de quitar y todo huele a armario cerrado.

Nos lo contáis cada junio, cuando ya no hay solución. Por eso hemos escrito esto: no es un artículo de orden, es un artículo de ropa. Cómo guardar la ropa al cambio de temporada cuando vives donde vivimos nosotras, con el mar a diez minutos.

En este artículo

Lo que necesitas antes de empezar

Media hora de compra y no vuelves a improvisar en septiembre. Nada de esto es caro y casi todo dura años:

  • Fundas de tela o sábanas viejas limpias. Nunca bolsas de plástico.
  • Cajas de cartón con tapa suelta, o cestas de mimbre.
  • Perchas anchas de hombro redondeado, para lo que sí se cuelga.
  • Papel de seda sin ácido, para bordados, encajes y seda.
  • Lavanda seca o cedro, en bolsita o en bolas.
  • Un absorbedor de humedad con recambio, de los de toda la vida.
  • Una peladora de bolitas, si tienes punto. Se usa antes de guardar, no después.

Jerséis y camisetas doblados en una caja de cartón con papel de seda, bolsita de lavanda y absorbedor de humedad, listos para el cambio de armario
Cartón, papel de seda y lavanda dentro. El absorbedor, fuera de la caja.

El error que lo estropea todo: guardarla sin lavar

Si solo te quedas con una cosa de todo el artículo, que sea esta.

Una prenda que parece limpia casi nunca lo está. El sudor, la crema solar, el desodorante y los restos de sal no se ven al guardarla — pero durante nueve meses de armario cerrado se oxidan y se convierten en esas manchas amarillentas que ya no salen. En algodón y en lino, además, la mancha come la fibra.

Y hay otra razón: las polillas no van a por la lana. Van a por los restos orgánicos que hay en la lana. Una prenda de punto perfectamente limpia les interesa mucho menos que una que te pusiste una tarde y colgaste otra vez.

Lávalo todo, sécalo del todo, y no guardes nada ni un poco húmedo. Un solo jersey guardado con humedad contagia la caja entera.


Aquí guardamos la ropa con el mar delante

Esto es lo que no te va a contar un artículo escrito en Madrid.

Y no es una impresión nuestra. La estación de AEMET de San Javier, a diez minutos de aquí, registra una humedad relativa media del 71% al año, y su mes más seco no baja del 68%. En Madrid la media anual es del 57%, y en julio se queda en el 38%. Es casi el doble de humedad en el aire, todos los meses, contra el mismo jersey.

En Lo Pagán, en San Pedro, en toda la orilla del Mar Menor, se nota. Y si tu casa de aquí es la de verano, la cierras en septiembre y no vuelves hasta la primavera: el armario se queda nueve meses sin abrirse, sin ventilar y con el salitre trabajando por dentro.

Tres cosas cambian por eso:

1. No guardes en bolsa de plástico cerrada

La bolsa de la tintorería y la bolsa de basura son lo peor que le puedes hacer a la ropa aquí. El plástico no respira, atrapa la humedad que ya venía dentro y la mantiene contra el tejido todo el invierno. Usa fundas de tela, sábanas viejas o cajas de cartón con la tapa suelta.

2. Pon algo que absorba, y cámbialo

Un recipiente de sal gorda, unas tizas atadas en un paño o un absorbedor de humedad de los de toda la vida, dentro del armario y no dentro de la caja de ropa. Si cierras la casa, déjalo con capacidad de sobra: en marzo ya no va a quedar nadie para cambiarlo.

3. Ventila el armario antes de cerrarlo

Un día entero con las puertas abiertas antes de meter la ropa de invierno. Parece poco y es de lo que más se nota al volver.


Qué se dobla y qué se cuelga

Aquí es donde más se estropea la ropa buena, y es la parte que casi nadie explica bien.

Se dobla siempreSe cuelga siempre
Jerséis y cárdiganesChaquetas y blazers
Camisetas de canaléAbrigos
Vestidos de puntoVestidos largos de tejido fluido
Todo el punto, en generalCamisas y sastrería

Regla rápida: si el tejido pesa y se estira, se dobla. Si tiene estructura, se cuelga.

El punto, doblado. Colgado, el peso de la propia prenda estira los hombros y en seis meses te salen esas dos puntas que ya no se van. Dóblalo y, si apilas, lo más pesado abajo.

La sastrería, colgada. Con percha ancha, de las de hombro redondeado. Las de alambre marcan el hombro y con la humedad de aquí acaban oxidándose sobre el tejido.

  • Los vestidos con mucho vuelo o de gasa, colgados pero sin apretar: si van prensados entre otras prendas, la arruga se queda.
  • Las prendas de encaje o con bordado, dobladas con papel de seda entre las capas, para que el bordado no se enganche con lo de al lado.

Dos prendas de lino colgadas, una en percha ancha de madera y otra en percha fina de alambre, para comparar la marca que dejan en el hombro
La misma prenda, nueve meses. A la derecha es donde sale el pico.

Tejido por tejido: lo que cambia

La regla de doblar y colgar vale para casi todo. Pero cada tejido tiene su punto débil, y merece la pena saber cuál es el de lo que tienes en la mano.

Lino. Doblado y con papel de seda en los pliegues, porque la arruga marcada nueve meses no siempre sale con el vapor. Es el tejido que más amarillea con los restos de sudor y de protector solar, así que es el que más agradece un lavado a conciencia antes de guardar.

Algodón. El más tolerante de todos, y por eso el que más se descuida. Las manchas invisibles de cuello y axilas son casi siempre suyas. Repásalas a contraluz antes de meterlo en la caja.

Punto y lana. Doblado, limpio y con cedro o lavanda cerca. Es donde va la polilla y donde más se nota un armario húmedo. Quita las bolitas antes de guardar, no en junio: la fibra ya dañada empeora dentro de la caja.

Seda. Papel de seda sin ácido, funda de tela y lejos de la luz, porque amarillea. Nunca al vacío y nunca en plástico. El desodorante le hace un daño que no se ve hasta que ya no tiene arreglo.

Viscosa y tejidos fluidos. Se deforman con su propio peso, así que si la prenda pesa, doblada; si es ligera y larga, colgada con percha ancha. En medio no hay mucha ciencia: levántala y nota si tira.

Bañadores y bikinis. Los grandes olvidados y los que peor envejecen en el altillo. El cloro, la sal y la crema solar siguen degradando el elastano aunque la prenda esté guardada. Aclarado largo con agua fría, secado a la sombra y guardados planos, nunca enrollados ni comprimidos.


Primer plano del hombro y el cuello de una camisa de lino beige, con la textura del tejido a contraluz
El lino es el que más amarillea. Míralo a contraluz antes de guardarlo.

Las bolsas al vacío: cuándo sí y cuándo no

Todo el mundo las recomienda. Nosotras las recomendamos a medias, y con condiciones.

  • Sí: ropa de playa, camisetas de algodón, pareos y cosas que no sufren. Ganas un espacio enorme y en un altillo pequeño se agradece.
  • No: abrigos, plumas, punto grueso y seda. La compresión mantenida aplasta la fibra y la prenda sale sin cuerpo: tarda semanas en recuperarlo, si lo recupera.
  • Nunca más de seis meses al vacío, aunque sea ropa que aguanta.

Nuestro criterio, después de ver cómo vuelve la ropa: al vacío lo que da igual, en caja de cartón o funda de tela lo que te importa.


Manos colocando una hoja de papel de seda sobre una blusa bordada dentro de una caja de cartón
Papel de seda sin ácido entre capas: lo que evita las marcas del doblez.

Polillas sin naftalina

La naftalina funcionaba, huele fatal y el olor se queda en el tejido durante meses. Hay alternativas que no perfuman la ropa entera:

  • Bolsitas de lavanda seca
  • Madera de cedro, en bolas o en láminas
  • Clavo de olor
  • Hojas de laurel

Ninguna mata a la polilla — la repele, que es distinto. Por eso hay que renovarlas: la lavanda pierde el aceite esencial en unos meses y el cedro deja de oler, y cuando deja de oler deja de servir. Se lija un poco y vuelve.

Y repetimos lo de antes, porque es lo que de verdad decide: la polilla va a la prenda sucia. Guardar limpio hace más que cualquier bolsita.


Lo que no debería volver al armario el año que viene

El cambio de armario es el único momento del año en el que tienes toda tu ropa de una temporada delante y en la mano. Aprovéchalo, porque no se repite.

Tres preguntas por prenda, y son rápidas:

  1. ¿Me la he puesto este verano? Si la respuesta es no, y tampoco te la pusiste el anterior, ya sabes.
  2. ¿Me la pondría mañana? No «para una ocasión». Mañana.
  3. ¿Está bien? Bolitas, cuello dado de sí, un descosido que llevas dos años sin arreglar. Guardar algo roto es guardar el problema para junio.

Lo que salga de ahí no tiene por qué acabar en la basura: se dona, se arregla o se hereda. Lo que no tiene sentido es pagarle nueve meses de armario a algo que no te vas a poner.

Si te cuesta decidir —y es normal, a casi todas nos cuesta— hay dos cosas que ayudan. La primera es saber qué colores te favorecen de verdad, porque la mitad de lo que no te pones es por eso: tienes nuestra guía de colorimetría en la web. La segunda es no hacerlo sola: si quieres que lo miremos juntas, escríbenos y lo vemos con calma.


Y para llenar el hueco

Cuando acabas la criba siempre sobra sitio y falta algo de punto. Esto es lo que está entrando ahora:

Cómo hacer el cambio de armario, paso a paso

Todo junto y por pasos, para que lo tengas a mano:

  1. Saca toda la ropa de verano y déjala sobre la cama.
  2. Criba con las tres preguntas. Aparta lo que no vuelve.
  3. Lava y seca del todo lo que sí vuelve. Repasa manchas invisibles: cuellos, axilas, bajos.
  4. Dobla el punto, cuelga la sastrería, papel de seda en lo delicado.
  5. Guarda en tela o cartón, nunca en plástico cerrado, con lavanda o cedro dentro.
  6. Ventila el armario un día entero antes de meter el invierno.
  7. Deja un absorbedor de humedad en el armario, no dentro de la caja.

Una tarde. Y en junio abres y está todo como lo dejaste.

Llévate la lista impresa

Te mandamos la checklist del cambio de armario en PDF, para tenerla al lado mientras lo haces. Y en junio te avisamos de que toca bajarla.


Lo que baja del altillo también necesita algo

Media hora, y es la diferencia entre estrenar el invierno y arrastrarlo.

  • Airea antes de colgar. Un par de horas a la sombra y con corriente quita el olor a cerrado mucho mejor que un lavado, y sin desgastar la prenda.
  • Vapor en vez de plancha en el punto y en la lana. La plancha aplasta la fibra; el vapor la levanta.
  • Deja reposar el punto en horizontal un día antes de colgarlo. Si venía comprimido, recupera forma solo.
  • Repasa bolitas y descosidos ahora. En octubre lo haces; en enero ya no.
  • Y mira lo que falta. Con todo el invierno delante ves los huecos reales, que casi nunca son los que creías en agosto.

Lo que vemos cada junio

Tres cosas se repiten cada primavera, y las tres se evitan en septiembre:

  • La camiseta blanca con el cerco amarillo. Se guardó limpia a la vista, con restos de desodorante y de protector solar. Nueve meses después, la mancha ya está en la fibra.
  • El vestido de lino con la marca de la percha. Colgado todo el invierno en un hombro estrecho. El pliegue no sale ni con vapor.
  • El jersey bueno con los picos en los hombros. Colgado en vez de doblado. El punto no vuelve.

Ninguna de las tres tiene arreglo en junio. Las tres tienen solución en septiembre, y cuestan cinco minutos por prenda.


Preguntas frecuentes

¿Hace falta lavar la ropa antes de guardarla aunque parezca limpia?

Sí. Los restos de sudor, desodorante y crema solar no se ven, pero se oxidan dentro del armario y se convierten en manchas amarillas que ya no salen. Además son lo que atrae a la polilla. Es el paso que más ropa salva de todos.

¿Se puede guardar la ropa en el altillo o en el trastero?

En el altillo sí, siempre que esté seco. En trasteros, garajes y sótanos, con cuidado: suelen tener más humedad y más cambios de temperatura. Si es tu única opción, usa cajas de cartón elevadas del suelo, nunca plástico cerrado, y un absorbedor de humedad cerca.

¿Cuánto duran las bolsitas de lavanda o el cedro?

La lavanda pierde fuerza en unos meses; el cedro dura más, pero deja de oler y, cuando deja de oler, deja de repeler. El cedro se recupera lijándolo un poco. Si guardas la ropa toda la temporada, cuenta con renovarlo a mitad.

¿Las bolsas al vacío estropean la ropa?

Depende del tejido. El algodón y la ropa de playa lo aguantan bien. El punto grueso, los abrigos, las plumas y la seda pierden cuerpo con la compresión mantenida. En cualquier caso, no más de seis meses seguidos.

¿Cómo quito el olor a armario cerrado?

Airear a la sombra con corriente, unas horas. Si no basta, vapor. Perfumar encima solo lo tapa unos días y el olor vuelve.

¿Cuándo se hace el cambio de armario en la zona del Mar Menor?

Más tarde que en el interior. Aquí septiembre sigue siendo verano y octubre da buenos días, así que lo razonable es guardar de verdad a finales de octubre y dejar fuera una selección corta de manga corta hasta noviembre.


Y ahora, lo que sí te vas a poner

El cambio de armario tiene una parte poco agradecida y otra que es la buena: quedarte con lo que de verdad te gusta y ver el hueco que ha dejado lo que ya no vuelve.

En Woman de Mar llevamos años ayudando a llenarlo con criterio: pocas piezas, bien elegidas, que se lleven más de una temporada. Estamos en Lo Pagán, en la Avenida de la Romería de la Virgen del Carmen, con probador y con alguien que te dice la verdad sobre cómo te queda.

Pásate cuando quieras. La nueva temporada ya está entrando.

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