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*El descuento no se aplica a los artículos que ya están en oferta.
Lo sacas del armario en septiembre convencida de que es tuyo de toda la vida. Te lo pones. Y no.
El largo está más corto. La cintura aprieta donde antes no apretaba. O al revés: te queda como si se lo hubieras pedido prestado a otra persona.
Antes de darle más vueltas, quédate con esto: la ropa cambia. Encoge, cede, se deforma y pierde la caída que tenía el primer día. No es una impresión tuya y casi siempre tiene una explicación que está en la lavadora, en el tendedero o en la propia composición de la prenda.
Un tejido no es una lámina de plástico. Es un montón de fibras hiladas y entrelazadas, y esas fibras se estiran, se encogen y se colocan de otra manera con el uso, el agua y el calor.
Cuando compras una prenda, sus fibras vienen tensadas del proceso de fabricación. Con el primer lavado se relajan y vuelven a su posición natural. Por eso muchas prendas de algodón dan su mayor encogimiento en las primeras lavadas y después se estabilizan.
Eso es normal y las marcas cuentan con ello. Lo que no es normal es que siga encogiendo lavado tras lavado.
Hay dos cosas que hacen encoger una prenda, y las dos tienen que ver con el calor más que con el agua.
El algodón y el lino encogen sobre todo así. La lana tiene un caso aparte: sus fibras están cubiertas de escamas que, con calor y fricción, se enganchan entre sí y ya no se sueltan. La prenda se apelmaza y se queda pequeña para siempre. Eso no tiene arreglo.
El otro drama es el opuesto: el pantalón que a media mañana te queda ancho, la falda que se descoloca, el jersey con los codos abolsados.
Eso es que la prenda ha cedido. Y también tiene explicación:
Tenemos explicado cómo se comporta cada material en Tejidos con personalidad, y en concreto el punto, que es el que más se mueve de todos.
Esa etiqueta pequeña que suele acabar cortada por dentro de la prenda no es decorativa. Los símbolos están normalizados —la norma se llama UNE-EN ISO 3758— y significan lo mismo en cualquier país.
Los tres números que más importan para que una prenda no encoja son los de la cubeta (temperatura de lavado), el cuadrado con el círculo (secadora) y la plancha. Si el cuadrado tiene una cruz, esa prenda no entra en la secadora aunque tengas prisa.
Los tienes todos traducidos en nuestra guía de cuidados.
Se mira la composición, que también está en la ficha de cada producto de nuestra web.
A veces sí, según el tejido.
En algodón y en mezclas con elastano puedes recuperar algo: sumerge la prenda en agua templada con un poco de suavizante o acondicionador, déjala unos veinte minutos, escúrrela sin retorcer y estírala con las manos hasta su forma mientras se seca en plano. No hace milagros, pero recupera parte de lo perdido.
En lana apelmazada no. Cuando las escamas de la fibra se han enganchado, no se sueltan. Es duro decirlo, pero es así.
Cuando una clienta nos escribe dudando entre dos tallas, lo primero que miramos no es la tabla: es la prenda. Si lleva elastano, si la cinturilla es fija, si el punto es fino o grueso, si el tejido tiene cuerpo o va a ceder al segundo uso.
Esa información no cabe en una etiqueta, pero cambia la recomendación entera. Y es también la razón por la que tu talla cambia según la marca.
Si tienes una prenda que ya no te queda como antes, o dudas con una que quieres pedir, escríbenos por WhatsApp. Nos dices el modelo y te decimos qué esperar de él.
Por el calor, más que por el agua. Las fibras vienen tensadas de fábrica y con el calor se relajan y se acortan. El agua caliente y sobre todo la secadora son las dos causas principales.
En algodón y en mezclas con elastano, en parte: sumérgela veinte minutos en agua templada con un poco de acondicionador, escúrrela sin retorcer y estírala a mano mientras se seca en plano. En lana apelmazada no hay vuelta atrás.
Porque el elastano se adapta al calor del cuerpo. Es normal y al lavarlos recuperan casi toda la forma. Con los años recuperan un poco menos cada vez.
No lo cuelgues mojado: el peso del agua lo estira. Sécalo en plano sobre una toalla y guárdalo doblado, nunca en percha.
Los dos encogen, sobre todo la primera vez. El lino además se arruga, que es parte de su carácter. En los dos casos, lavado en frío desde el primer día.